El discurso de la izquierda me parece aburrido, tedioso, monótono y aunque muchas veces comparto su contenido creo que la forma en que se transmite es además de poco atractiva, anacrónica. Siento que es un discurso que se ha quedado atrás, que las palabras con las que se expresa perfectamente podrían haber sido utilizadas hace 100 años, que mediante ellas se intenta perpetuar un pasado tan o más injusto que el actual pero que no corresponde en su forma a nuestros días. Aunque nadie pide olvidar lo vivido ni lo nefasto que puede haber sido el pasado sí es necesario distanciarse un poco, no se puede hablar como si continuáramos viviendo en el régimen militar, cada uno tendrá su apreciación de la democracia que vivimos pero si se utilizan conceptos que escapan de la realidad objetiva y se comienza a utilizar un lenguaje extremo, violento, exagerado se comete un gran error. Hablar de estado fascista, del proletariado (y evocar la consiguiente imagen que dudo se asocie a nuestros tiempos), de la revolución, no creo que sea la forma de enfrentarse a la realidad y mucho menos de ganarse a una sociedad que está totalmente alejada de esas ideas, no veo a la población reconociéndose como parte de una lucha, sintiéndose partidarias de una clase que se encuentra en oposición a quienes tienen el poder, hoy en día la identidad de la clase media creo que es lo que impregna todo y por ello lo ha despolarizado.
Y sobre todo lo que me motiva a pensar en que el problema radica más que en el contenido del discurso, en la forma, es que la moralidad que sustenta muchas veces la retórica izquierdista es realmente fuerte, al menos yo reconozco, tal como dice George Lakoff, en “el padre protector” una figura mucho más propensa a ser aceptada que el “padre estricto” que presenta la derecha. Por el lado de la moralidad creo que es la izquierda la que tiene todo por ganar. Mostrarle a la población lo que realmente significa un estado preocupado por su pueblo y no uno que deje al mercado el arbitrio de nuestro bienestar es el camino que creo que debería tomarse antes que seguir enfrascado en una lucha ciega contra una oposición que aunque existe ya no es el objetivo al que hay que apuntar. Para llegar realmente a la población más que buscar culpables y reiterar hasta el cansancio que todo está mal hay que expresar cuales son las propias ideas, qué es lo que se plantea, sino aunque todos se den cuenta de que lo que nos rodea es nocivo sin un proyecto no se los puede atraer. Y ese creo que es el error, en vez de otorgar planteamientos se acusa y se busca el error de la otra parte.
Incluso la otra vez, mientras leía un texto sobre espiritualidad me dio por hace una analogía entre lo que estaba leyendo y lo que había percibido en el discurso de la izquierda. El texto hablaba de manera muy abstracta de un montón de cosas que si yo no hubiera tenido interés en saberlas seguramente apenas terminar el primer párrafo lo hubiese dejado de lado. Ideas del alma como un ente cósmico que se disolvía en algo así como una dimensión superior en que cada uno de nosotros tenía una representación se me aglutinaban en la cabeza como una plasta indigerible, no entendía nada de lo que ahí decía y ese lenguaje tan lejano no me generaba más que rechazo. Lo veía tan ensimismado, que no hallaba la forma de encontrar lo que necesitaba en él, no habían más que palabras que me eran ajenas. Era definitivamente algo que escapaba a la realidad de cualquiera que no haya probado en medida alguna lo que significa encontrarse a si mismo, o algo por el estilo. Y ese lenguaje no tardé en asemejarlo al que había visto en algún texto, oído en algún discurso. Y podía imaginarme como gente que profesaba escaso interés por la política se alejaba de ese discurso que le era ajeno, porque sus palabras evocaban una realidad diferente, por que lo que decía no era lo mismo que aquella persona podía percibir en la realidad y no porque estuviera totalmente alienada por el sistema sino porque lo drástico del discurso emergía de la apreciación de quien lo emitía y no era la invitación a ser parte de un ideal, a ser parte una moralidad distinta.
¡¡Burócratas del Poder Sepan que Cuando se Asume la Dignidad que da la Lucha, no se Puede Acallar ni con más Represión, ni con Más Muertes!!
Verdad hay, sí, lo sé. Verdad entre todas esas consignas hay, pero como he dicho todo este rato no creo que sea la forma de enmarcarla. Y ahora que hablo de marcos, recuerdo que George Lakoff decía lo mismo que acabo de mencionar. “No basta con decir la verdad, hay que saber enmarcarla” algo así creo que eran sus palabras. Y seguramente ese es el problema, la carencia de marco, las injusticias parecen algo lejano para quienes no se informan más que a través de la TV, de los periódicos tradicionales, lo mismo propicia cada conflicto que es acallado,los debates que se debieran hacer en Tv y no se hacen, que en vez de hablar acerca de cuando robó tal político o de minucias como aquella concejala que vendía frutas en su auto fiscal deberían hablar sobre políticas alternativas, sobre ideas que traspasen los límites de lo que el gobierno (y la oposición que aquí funcionan como un todo) pretende, dar espacio a gente que realmente pueda ampliar esta menguada democracia. Pero mostrarle a la gente ese nuevo marco necesario para plantar el discurso de la izquierda es muy difícil me parece, de hecho ahora que lo pienso, más que adecuar el discurso al marco se ha estado tratando de adecuar el marco al discurso, se intenta modificar la realidad que ven las personas todos los días para que acepten la opción que se les plantea y eso seguramente es mil veces más difícil que adaptar el discurso al marco. Porque cómo uno puede hacerle ver a alguien que lo que ve todos los días no es más que la realidad distorsionada, que no es otra cosa que lo que los que tienen el poder han filtrado para hacerte creer y actuar de tal manera?. Eso mediante dos palabras no se puede, y estoy seguro que hay gente muy distanciada de todo aquello como para lograr convencerse de que así es.