En un pequeño pueblo vivía Germán
A su familia ya no amaba
Porque, decía, le hacían mal
Cuchillo en mano los quiso matar
Sabiendo a donde iría a escapar
A casa de su novia marchó
Y con acento feroz le anunciaba
Que estaba siendo asesinada
Ella con ojos vidriosos miro hacia abajo
Y vio como el cuchillo le perforaba el bazo
Una mirada suplicante arrojó
Al violento rostro de su antiguo amor
Desquiciado el hombre se quiso matar
Para librar al mundo de su horrible maldad
Pero recordó el partido que iban a dar
Y pensó que su cuerpo podía esperar,
Recibir el castigo en otro tiempo y lugar
Se sentó en el sillón y se puso a mirar
Como su equipo perdía sin ninguna piedad
Furioso arrancó al estadio a matar
A los arruinados futbolistas que no sabían jugar
Como un loco entró a la cancha y sin volver a pensar
Acuchilló a un delantero que no sabía marcar
El público atónito se puso alentar
El merecido castigo por nunca ganar
Jugador por jugador en el piso dejó
La sangre que a Germán encumbró.