- Oye ven aquí – dijo la flor
- Qué deseas bella amiga? – Respondió el San Antonio
- Quisiera que tomaras un poco de mi polen
- Oh! Pero yo soy sólo un San Antonio, yo hago otras cosas
- Como qué?
- Eso no importa, sólo te puedo decir que esperes y esperes hasta que el insecto indicado tome tu sabroso polen
- Ah! Muchas gracias por avisarme. P-pero, tú sabes quien debe venir?
- Pueden ser muchos, tú sólo espera
Así dijo por última vez el San Antonio y voló alejándose poco a poco de la bella flor. Era primavera y ella impaciente esperaba ansiosa. Luego de ver que los días pasaban y no se cumplía lo dicho por el San Antonio la flor comenzó a caer en depresión. Se puso triste y sólo pensaba en aquel insecto que tomaría su polen para luego esparcirlo por el mundo. Su muerte se acercaba y el deseo por ver aparecer a su redentor se hacía cada vez más cegador. En su pequeña cabeza rondaba sólo una idea, sólo una espera.
Cuando vio nuevamente al San Antonio que por descuido pasaba por ahí le reprochó duramente:
- Tú dijiste que alguien vendría y aún sigo esperando aquí sola y aburrida con la desesperación carcomiendo cada hoja de mi largo tallo.
- Es verdad, todavía te veo con tu abundante polen. Estas marchitando y creo que has sido muy desafortunada. Si crees en vidas posteriores no deberías perder la esperanza…
Con furia reaccionó la flor ante las últimas sarcásticas palabras del San Antonio. Intento alcanzarlo apenas habíase alejado pero fracasó en el intento. Vio como una última mirada burlona le lanzaba y sintió un odio terrible por aquel vil insecto que había sido capaz de reírse de su desgracia y deseó con más fuerza que su promesa se cumpliera. Su máxima era “si lo deseas lo tendrás” así que deseo y deseo creyendo que esas palabras escuchadas a unos turistas poseían una sabiduría infinita.
Al día siguiente el primer pensamiento de la flor fue aquel soñado insecto que nunca venía. La furia la consumía y mientras recordaba lo ocurrido con el San Antonio y la mirada burlona que éste le clavó antes de irse advirtió un pequeño punto negro en el horizonte. No le prestó atención y siguió sumida en sus recuerdos. Aquel punto se había hecho más y más grande hasta posarse sobre ella sin poder sacarla de su profundo ensimismamiento. Luego de irse aquel desconocido, la flor, furiosa y pensativa se resignó a la inminente muerte que le aguardaba.
[He de decir que soy un mentiroso y esta no es la real fecha de este escrito. Acabo de cambiarla y ya no me acuerdo de su fecha original pero fue un día de febrero del 09. Lo hice porque no quería que quedara en la página principal de este blog ya olvidado]
María paz coméntame.
Espejito!!
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