Además de utilizar excesivamente el recurso de la compasión y deslumbrar con un patetismo que raya con el de las novelas venezolanas la Teletón es el reflejo del tipo de sociedad que estamos construyendo. Al menos en lo relacionado en cómo debe ayudarse a los menos desfavorecidos. Hacemos fiestas pomposas en reconocimiento de nosotros y nuestra enorme solidaridad o convertimos la caridad en algo institucionalizado y hacemos que más que ser una muestra de nuestro enorme corazón, un deber que tenemos con el resto de la sociedad?.
Dentro de la Teletón hay muchos espacios oscuros, entre ellos las ganancias de las empresas, el manejo del dinero y por sobre todo, pero esto ya es inaccesible, la motivación que impulsa a nuestro distinguido elenco de filántropos a hacer lo que hacen, partiendo por Don Francisco, oscuro personaje engendrado en las ciénagas televisivas en tiempos remotos y que ahora hace perdurar su legado de mediocridad e hipocresía mediante hija mitad chancho mitad ser humano. Eso es para quienes no lo conocen, ahora con razón podrán decir mirando hacia el cielo, “Don Francisco es una leyenda”. Pero vayámonos con seriedad por favor.
Qué tan patético puede resultar la utilización del sufrimiento ajeno para cumplir un noble objetivo? Sin el afán de inmiscuirme en la cabeza de aquellos que ven lo sufrido que ha sido su vida junto con otros tantos millones de espectadores forzados (es cadena nacional) creo que puedo decir que es bastante denigrante. Pero, puede ser que no. De igual modo tanta lágrima real y de cocodrilo, junto con historias “humanas” y conmovedoras me genera mucho rechazo. Hay formas mucho menos sensacionalistas y más respetuosas de hacer que la gente se meta la mano al bolsillo. Pero funciona, la sangre, las lágrimas, lo extremo funciona y la TV tiene la capacidad de exprimir todo lo que funciona.
Dejando de lado lo más subjetivo de este texto, dado que algunos les puede parecer que las lágrimas en televisión son la expresión más humana que pueda salir del alma de un ser humano, adentrémonos en las turbias cabezas de aquellos famosos que protagonizan esta gran obra. Don Francisco, discúlpeme, usted cree que ha sacado algún beneficio profesional y económico de todos estos años que nos ha demostrado ser el hombre más solidario de Latinoamérica? Guaf, guaf! No me ladre por favor, sólo es una pregunta! no me pegue por favor, solo era una pregunta!. Yo creo que Don Francisco sí lo sabe bien pero le da cuco decirlo. Mucho dinero y mucho prestigio se ha colado en su vida. Por qué no ha sido capaz en todos estos incontables años de dejar su puesto de lado y hacer que otros con tanta “capacidad” sean los rostros de ésta obra? Por qué se asusta tanto cuando se le cuestiona, cuando se piden cuentas claras (no en relación a lo que recibe y entrega la teletón sino a lo que reciben quienes participan en ella desinteresadamente), por qué cuando alguien habla mal sobre la Teletón responde que es una noble empresa y que no hay más que decir?. Yo creo que Don Francisco esconde algo más que amor incondicional a los niños discapacitados. Y creo que ni siquiera es necesario hablar de la cantidad de idiotas que intenta figurar a toda costa para ayudar a los desvalidos, partiendo por las vedettes. Vamos Rocío Marengo, tanto te importan los niños?.
Y como algunos dicen, qué importa la forma en que se realice si los niños finalmente terminarán siendo ayudados? Qué importan los medios si el fin es tan noble?. Claro que importa cuando te intentan hacer creer que lo único que los impulsa es la solidaridad, cuando hacen parecer sus corazones puros e incorruptos al menos por un par de días al año, y sobre todo importa porque un deber de Estado es pasado a manos de privados que para mitigar las injusticias anuales regalan nuestro dinero en su nombre aprovechando limpiar sus nombres y llevándose suculentas sumas de dinero. Porque es evidente que “si compran 70.000 productos nosotros donaremos 100 millones de pesos” es un negocio redondo.
Me parece que la idea generalizada es no ver nada más que el fin de la Teletón, sin tomar en cuenta lo que puede haber a su alrededor, y satisfacerse con escuchar que al menos un niño ha sido beneficiado con lo cual cualquier crítica queda desechada porque al menos un niño ha sido beneficiado.
Por qué no mejor ayudar, sin tanta parafernalia, sin tanto exhibicionismo, por qué no hacer políticas que sirvan para ayudar a todos aquellos que sufran alguna discapacidad, porque es necesario recordar que no es el único centro de ayuda, hay muchos otros que atienden a personas con similares problemas y que no reciben los millones que recibe la Teletón.