Con un sistema educativo que no pareciera pretender crear personas íntegras sino meros consumidores pasivos en lo que respecta al funcionamiento de la sociedad, la educación y por sobre todo, el conocimiento, entendidos como algo más que un simple tránsito hacia un fin pareciesen no tener cabida. Creo que en vez de ser concebidos como el fin en si mismo, el saber, se transforma en el medio que tendremos para tener una existencia segura, a eso se reduce simplemente para quienes generan las políticas educacionales: “formar profesionales para el mañana”. ¿No nos queda más que ser profesionales del mañana?
Peor es que culpen a la juventud por ser tan indiferente a la educación, que sean ellos los que no se interesen por nada cuando todo está condicionado para que así sea. ¿Se puede pretender que alguien busque las soluciones por su cuenta o se esfuerce en intentar aprender cuando la rapidez, la eficacia, lo justo y necesario, el conocimiento memorizado sea lo que nos permite avanzar de año en año y con ello baste para sentirse satisfecho? No, claro que no. No pueden pedirnos que busquemos por nuestra cuenta las respuestas cuando a lo que menos nos incentivan es hacerlo.
Sin ningún estímulo que nos encamine a admirar lo que nos rodea, sin nada que nos permita asombrarnos de la hermosa complejidad de todo aquello que desconocemos el proceso para formar personas que busquen en el conocimiento algo más que una herramienta para lograr una existencia segura, o no lo vean simplemente como una tediosa obligación que hay que cumplir está truncado.
Si la educación tiene que apuntar hacia algún lugar, creo que tiene que estar dirigida a si misma. Hacer que los alumnos reconozcan el placer en descubrir cosas nuevas y comprendan que no es algo ajeno a su vida, abstracto, sin ninguna utilidad sino que las habilidades y el conocimiento adquirido pueden servirles para enfrentar los obstáculos cotidianos, y sobre todo que pueden utilizar esas herramientas para descubrirse ellos mismos y actuar con la libertad que de eso les otorga. Es difícil explicarle lo que digo a un grupo de jóvenes o niños que creen que el aburrimiento es inherente al estudio (lo que quizá en cierto grado sea cierto). Pero incluso aunque lo sea, tampoco eso justifica lo infernalmente tedioso que es estar escuchando a los profesores. No hay nada de motivante en estudiar más que saber que no puedes hacer otra cosa. Es una motivación negativa. A pesar de todo el aburrimiento puede ser combatido, no se hace mucho por ello, pero al menos en la teoría está. Son una combinación de factores como el interés del alumno, sus motivaciones, la presencia de estímulos físicos, psicológicos y emocionales que alteren la quietud del aula, la comprensión del estudio no como un sinsentido al que se está obligado sino como una herramienta eficaz para desarrollarse en sociedad, los que si al menos se intentaran aplicar podrían mejorar la relación que existe entre un alumno y el estudio.
Claro que no son cosas que puede comprender un niño. Quizá durante toda la infancia no quede otra que obligarlo a que asista a clases, pero también cabe la posibilidad de hacer del tiempo que pasa en el aula algo mucho más grato de lo que es ya que no puede comprender la importancia del estudio.
Otro protagonista que contribuye a concebir el aburrimiento como algo propio del estudio es la TV. El otro día veía el estereotipo de personajes presentes en los canales para niños y generalmente todos se manejaban por los mismos patrones. No pienso pedir que muestren programas sobre el maravilloso mundo de las matemáticas pero creo que reiterar personajes que no estudian, que lo toman como algo tedioso o que siempre hacen todo a última hora y eso les da un aire cool es seguir alimentando la idea de que el estudio es aburrido, o lo que quizá sea peor, que estudiar es de tontos y no hacerlo de astutos (está claro que a muchos beneficia este pensamiento). Si los niños, tanto como los grandes, tienden a imitar a los estereotipos de la TV, queda en manos de quienes los crean una responsabilidad enorme. Por eso, sin necesidad de aludir a una TV educativa se puede hacer que los niños no sientan tanta aversión por el estudio a través de los personajes que ven diariamente.
Y para finalizar estas pocas ideas no es tanto en la enseñanza de contenidos a lo que creo que se debe enfocar la escuela mientras no se les enseñe a los alumnos a razonar y obtener las respuestas ellos mismos. Como todo el mundo sabe no tienen mucha utilidad un cúmulo de conocimientos inertes en la mente de alguien si no se los puede asociar, comprender, explicar y si por sobre todo ellos no sirven para crear. Si se nos enseñase a razonar cada vez que lo hiciésemos estaríamos creando algo nuevo, independiente de si las ideas que surgieran de nosotros ya hayan sido elaboradas mil años antes, de cualquier forma sería nuestra si pudo salir de nuestra cabeza y no fue adquirida de un libro o del monólogo de un profesor. Ahí, en ese proceso creativo es donde se halla la satisfacción, el placer, que es consecuencia del aprendizaje, y donde quizá radique el mayor atractivo del conocimiento, el atractivo que puede motivar a cualquier ser humano a parar un poco y razonar.