Hubo un tiempo en que este blog causaba furor. Era la sensación, la gente se aglutinaba en las puertas de WordPress para conseguir aunque sea unos minutos de deleite literario y filosófico; todo colapsaba, los servidores se caían y la publicidad se arrodillaba a mis pies; mis amigos se multiplicaban como conejos, aparecían debajo de las piedras y me entregaba su cariño mientras mi polola se aferraba de mi brazo diciéndole al mundo que yo era suyo. Pero yo cambié, las cosas aquí comenzaron a rozar un academismo barato y petulante, mi intención por ser más objetivo y universalizar mis pensamientos me convirtieron en un personaje arrogante y pretencioso, nublado por la fama pero que a la vez la renegaba. Así comencé a caer. WordPress ya tenía nuevas estrellas, personajes que entregaban mucha música gratis, compartían textos o material pornográfico: todo era mejor que estar acá.
Destrozado por la única visita recurrente (seguramente la loquita de Maipú) decidí hacer un cambio. Buscar la antigua naturalidad y originalidad que había recorrido el mundo. Fui a por ella, caminé hasta por la superficie del mar y no la encontré. Le copie a Henry Miller, a Lipovesky y seguramente a otros tantos más que ya no recuerdo. Reflexioné, pensé, me convencí de que las visitas no eran importantes, pretendí la mentalidad del cantante medio que dice bastarle con un solo auditor para hacerlos felices. Listo. Esto no da para más, seguiré intentando ser yo mismo. En el intertanto nacieron textos buenos, reflexiones sobre los temas que no me trajeron ni me habían traído gente pero aún así estaban ahí estoicos aguantando la indiferencia de un mundo cansado de escritores mediocres de blogs.
Ahora no sé qué quiero. Ser yo mismo siempre me digo. Es difícil no pretender nada más que eso, no enorgullecerse porque dos personas más entraron a este antro o entristecerse porque sólo queda una que seguramente ni siquiera sabe donde está parada.
Pero sí, si he de desear algo es no desear nada que pueda enturbiar la expresión más íntima y espontánea, la naturalidad de los impulsos, aquellos que no nacen de la pretensión de agradar, de romper esquemas, de buscar reconocimiento, aquellos que sencillamente nacen como un chispazo del espíritu y que no pretenden nada más que elevarlo.
Por ahora, y como ha estado hace un tiempo, dejo este blog así, quietito y solo.
La loquita de Maipú tiene su recorrido ya establecido por allí para llegar a la U
(K)
Cómo van las cosas por aquí?
Nice blog.
ajajajjajajajja
No tienes ningun derecho para privarme de todo esto